El uso del “NO” en la educación canina

El uso del “NO” en la educación canina

No uso ni recomiendo el uso del “NO” en la educación canina. Los motivos son varios.

El “NO” está demasiado instaurado en nuestra sociedad, lo usamos mucho. La mayoría de las personas lo utilizan demasiadas veces a lo largo del día para tratar con perros. Es un recurso que acomoda y simplifica demasiado la tarea del educador por no tener que tener en cuenta otros factores y variables tales como el ambiente, el estado emocional del alumno y otras cosas que indiscutiblemente afectarán al comportamiento. Su uso continuado denota una falta total de proactividad y planificación por parte del educador.

Lógicamente tiene adheridas consecuencias siempre desagradables, de mayor o menor intensidad. Como método de aprendizaje, en algún momento de nuestra vida lo habremos usado con una intensidad más alta de la habitual. Por ejemplo, cuando hay una falta de obediencia del perro o en momentos donde hay unas emociones muy fuertes por nuestra parte, como el enfado, el miedo o la preocupación. Muchos perros pueden reaccionar al final de forma emocionalmente negativa por asociación con esta palabra, aunque se pronuncie en un tono normal e incluso fuera de contexto.

Enseñar a no hacer un comportamiento como viene a ser el “NO” puede ser bastante complejo y confuso para muchos perros. Generalizar que esa palabra significa que no puede hacer todo lo que quiera en el momento que se la decimos, no es tan fácil. Para la mente de una persona puede ser algo fácil de asimilar, pero para un perro la situación no es tan simple. Otra cosa es que el perro entienda que estamos subiendo el tono, nos enfadamos y sobre todo las consecuencias que puede haber derivadas de nuestro enfado y obviamente cambie su comportamiento y podamos ver señales de apaciguamiento y evitación.

¿Te imaginas todo lo que puede llegar a significar un “NO”? desde no subirse a dos patas, no morder, no coger comida, no perseguir animales, no hacer las necesidades o hacerlas en otro lugar, no poder ir a jugar con nuestros compañeros… así podríamos describir miles de situaciones que el perro debería gestionar solo simplemente a través de un “NO”.

Casi todas esas situaciones que a nosotros no nos gustan, si nos paramos a pensar un momento y cogemos un poco de perspectiva, nos daremos cuenta de que la mayoría son comportamientos típicos de cualquier perro. Otros son una consecuencia directa de nuestra educación o falta de ella. Y también podemos encontrarnos muchos casos en que el perro no satisface sus necesidades básicas. Personalmente me parece muy injusto tener que recurrir al no y al enfado para que un perro vaya aprendiendo, pero si es por los casos mencionados eso es mucho más injusto.

¡Y nunca te olvides de que los perros, aunque no tan sofisticado como nosotros, tienen sentido de la justicia!

 

 

La aplicación del castigo negativo (la retirada de un estímulo deseado) como única base tampoco la suelo usar mucho porque creo que puede ocasionar confusiones en el aprendizaje incluso reforzar sin querer la conducta que no queremos que haga. Un ejemplo típico podría ser cuando un perro coge una zapatilla. En este caso podría quitar la zapatilla, pero ese hecho posiblemente le causaría ganas de cogerla y después se puede quedar pensando en que quiere agarrarla y en un futuro cuando tenga una oportunidad, hacerlo. Incluso muchos perros se lo podrían tomar como una incitación al juego. Otros por identificar un cambio en nuestro comportamiento (atención) simplemente pueden optar a repetir la acción porque entienden que eso hará que les prestemos atención a ellos.

También se podría plantear con un “time out”. Privar al perro de nuestra compañía durante un rato como consecuencia a su comportamiento, pero la idea no me termina de gustar porque no todos los perros reaccionan igual. Según la edad, la sensibilidad del perro y momento de adiestramiento, deberemos tener en cuenta demasiadas cosas que al final, como mecanizaremos el proceso o por falta de tiempo en muchas ocasiones, no tendremos realmente en cuenta todas las variables y caeremos en la posibilidad de excedernos y dejar una huella emocional negativa en el perro.

Yo propongo el uso de una palabra que no implique tanta negatividad como es el “NO”, y que realmente suene diferente a lo normal. No debe nunca asociarse a un castigo ni a una amenaza. En mi caso uso y propongo el Ah-Ah-Ah (Podrás darte cuenta tú mismo que cuando empieces a usar esta palabra vas a equivocarte y te saldrá un NO muchísimas veces. Es un buen ejercicio de Empatía si crees que los errores deben de castigarse para aprender ;))

La gente tiene tan metido el uso del no, que cuando empiezan a aplicar este cambio, tienen que pensar por unos segundos en la nueva palabra. La mayoría de veces les sigue saliendo de primeras el “NO”, pero indiscutiblemente la parte emocional del enfado que muchas veces llevamos en el momento se rebaja (es lo que tiene tener que desviar el pensamiento y concentrarse en algo diferente frente a un hábito o comportamiento mecanizado que queremos cambiar, funciona contigo al igual que con tu perro), y es más fácil que el perro aprenda y no entre directamente en evitación o que haga la conducta antes de que lleguemos nosotros si tiene oportunidad.

Un ejemplo típico sería en esos perros basurilla (que comen o mastican cualquier cosa que encuentran por el suelo) normalmente el uso del “NO”, lo que suele hacer es que el perro nos mire un momento y acto seguido pase a engullir lo que tenía en la boca. Porque rápidamente aprenden que se lo vamos a quitar. Si no usamos el no, tal vez termine comiéndoselo o masticando, pero no engullendo sin más. Y posiblemente dispondremos de más tiempo para quitárselo sin que nos vea venir hasta que ya estemos seguros de que se lo podemos quitar sin peligro si hiciera falta.

La nueva palabra debe asociarse y entrenar en diferentes situaciones y contextos, subiendo el criterio de forma gradual para que el perro entienda lo que significa y se espera de él. En ningún momento vamos a jugar a cazar al perro “in fraganti” a ver cuando falla para poder reprimirlo con el Ah-Ah-Ah. El objetivo del ejercicio consiste en entrenar un comportamiento que nos vendrá muy bien para su educación y manejo. Y como todo comportamiento que queremos construir habrá que recurrir a la paciencia, coherencia y hacer una gestión proactiva de las situaciones y el ambiente. Juntamente con adecuar el nivel de exigencia.

Quiero dos asociaciones dentro de este proceso. Las trabajaré por separado y en muy poco tiempo cualquier perro podrá tenerlo muy claro.

Por un lado, la palabra Ah-Ah-Ah cumplirá siempre la norma de que será una regla inquebrantable y coherente. Al final el perro debe asociar y entender que cuando la utilizamos, por muy insistente que sea y quiera hacer algo nosotros se lo impediremos. A través del bloqueo con el cuerpo, incluso si el perro no desiste, nos podemos apoyar con el mobiliario, la correa, otra persona que nos ayude, sacar al perro de la situación o quitar el objeto de deseo. Pero siempre de forma calmada sin un enfado ni malas formas por nuestra parte. Hay que ser firmes, pero no duros.

 

 

Podemos apoyarnos también en el proceso de bloqueo con la mano en alto a modo de quieto/espera tipo guardia de tráfico, ya que es una señal muy potente, natural y práctica para la educación de cualquier perro. En poco tiempo asociará que esta señal es el preludio de que pase algo bueno. Aconsejamos trabajar este concepto por separado si queremos usarlo. El proceso seria mano en alto en situaciones que el perro ya sepa que tiene que esperar, y despues retirar mano y dar señal de que puede. Por ejemplo el momento que le ponemos la comida, o momentos que el perro quiere algo como juego, caricias, correr libre, jugar con perros. No usar movimientos amenazantes, bruscos o palabras de ningún tipo en el proceso. En poco tiempo asociará que esta señal es algo muy bueno para él y tendrá una predisposición muy buena hacia ella.

Si no hace caso hay que ser más cabezón que ellos, levantarnos y bloquear con el cuerpo. Aquí está la clave del éxito, ser más cabezones las primeras veces de aplicación a modo que el perro no vea otra alternativa en un futuro.

Por otro lado, el uso de esta palabra también la asocio rápidamente (si somos un poco hábiles veremos que el perro al utilizar una palabra que antes no usábamos y encima bloqueamos con el cuerpo, nos mirará y podremos disponer de su atención por un periodo breve de tiempo el cual habrá que aprovechar y reforzar) a que me debe mirar.

Siempre hay que reforzar este punto ofreciéndole algo que le guste hacer o que intuya que pueda hacer que consiga algo bueno. Por ejemplo, podemos usar comida muy apetitosa, más de lo normal, en las primeras repeticiones con perros que apenas están trabajados o un juguete. También podemos usar algún comportamiento previamente trabajado tipo habilidad u obediencia, que al perro le guste hacer. Normalmente con un ven aquí o un pasa entre las piernas lo sacaremos de la situación que quiere alcanzar si es un perro al que tiene algunos comportamientos aprendidos. Debemos captar su atención y desviarla de lo que queremos impedir que haga. Alejar de forma indirecta al perro con lo que le ofrezcamos es vital las primeras veces.

 

 

Hay que entender que cuando un perro hace algo, es porque quiere hacerlo o necesita hacerlo en ese momento. Las causas pueden ser varias, por aburrimiento, por aprendizaje, por falta de estimulación física, mental, olfativa, falta de contacto social, hormonas, instinto… En nuestra mano estará gestionar estas situaciones y deberemos tener en cuenta el posible motivo porque lo hace, e intentar darle una salida más agradable y placentera. Lo que no podemos hacer es decirle a un perro todo el tiempo que no haga cosas que quiere hacer y no ofrecerles alternativas a esos comportamientos porque en algún momento la cosa terminará estallando.

Habrá siempre una relación entre lo que le vamos a pedir que deje de prestar atención/hacer y la salida que le ofreceremos al perro. Que será siempre agradable y de valencia más positiva que lo que queremos que deje de hacer. No es lo mismo evitar que un perro huela una caca o haga un marcaje donde no debe (Esto a mucha gente no le gusta y me parece correcto, pero jamás se me ocurriría usar el castigo o el enfado por comportarse de forma NATURAL, hay otras formas de modificar esos comportamientos) o evitar que un perro con altos instintos de caza se abalance hacia un gato)

Al final en muy poco tiempo el perro puede llegar a aprender que hacernos caso siempre le repercute en cosas más buenas de las que hace en ese momento y encima contará con nuestra aprobación.

Si mi perro encuentra unos restos de comida muy apetitosos en el paseo y queremos aplicar este método no nos quedará otra opción que apoyarnos en comida más suculenta que la que está comiendo, o que tenga un condicionamiento o predisposición al juego muy buena. Si no disponemos en alguno momento de comida muy buena o de una salida que darle al perro agradable, simplemente nos apoyaremos en una llamada si es buena y sino directamente bloquearemos con el cuerpo y sacaremos de la situación al animal o el objeto de deseo, siempre captando la atención del perro y al conseguirlo reforzarlo.

Si procuramos siempre cumplir la norma de premiar y dar salida más agradable con cosas buenas el perro no cogerá un mal condicionamiento a esta palabra y podrá aceptar que algunas veces no sea tan beneficioso hacernos caso, pero nos lo hará. Porque en realidad se dará cuenta que casi siempre vale mucho la pena hacérnoslo y se lleva cosas muy buenas casi todas las veces más nuestra aprobación. Si empezamos a no dar salida, o las salidas que ofrecemos no terminan de ser lo suficientemente interesantes para nuestro perro, nos vamos a encontrar que el perro empezará a fallar y el trabajo realizado será otro diferente al planteado.

Para terminar de rizar un poco más el rizo, proponemos el uso de las MAR (Marcas de ausencia de refuerzo) para los casos donde la comunicación pueda fluir un poco más allá y para momentos de adiestramiento de cualquier disciplina deportiva o urbana.
Pero eso es ya mejor comentarlo en otra ocasión y saber que su uso, como todo, también tiene consecuencias si se ejecuta mal. La mayor premisa si se usan debería ser tener en cuenta que son para ayudar al animal, no para cazarlo. Iremos siempre a favor del aprendizaje del perro y estaremos muy atentos a sus estados de frustración.

 

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